Las intimidades del Procurador
Cuando era joven, Alejandro Ordóñez quemó varios libros de clásicos universales por considerarlos profanos. Sus oraciones no sirvieron para hundir el aborto.
Desde el primer día en que Alejandro Ordóñez llegó a su despacho en la Procuraduría, la oficina y los pasillos contiguos fueron invadidos por crucifijos, camándulas, estampillas y, sobre todo, ángeles de colores y formas distintas. Desde su escritorio no se ve un lugar que no tenga un elemento religioso. Al poner los íconos en su despacho, en enero de 2009, retiró el cuadro de Francisco de Paula de Santander, el hombre de las leyes, para reemplazarlo por un crucifijo del cuerpo de Cristo, con el INRI resplandeciente en la parte superior de la cruz. Hizo el mismo ritual cuando se posesionó como presidente del Consejo de Estado.
Pero su verdadera devoción se manifiesta cada domingo cuando asiste con su esposa Beatriz Hernández a cumplir la cita con Dios en la iglesia de Los Sagrados Corazones de Jesús y de María, en el barrio La Soledad, uno de los pocos lugares de Colombia donde, de acuerdo a los cánones de monseñor Lefebvre, la misa se celebra todavía en latín. Este ritual imponente es concelebrado por tres sacerdotes: el argentino Fernando Altamira, el mexicano Bernardo Ariza y el español José Ramón García. Las mujeres se cubren la cabeza con mantillas. Los sacerdotes ofician en latín, dando la espalda a los fieles frente a un altar cubierto por un mantel rojo con bordes de hilo blanco. Solamente les dan la cara a los devotos asistentes al final, cuando ofrecen la hostia con los ojos cerrados y las manos juntas y de rodillas, en una ceremonia que dura hora y media.
La Iglesia pertenece a la Orden de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, creada por el Cardenal Francés Marcel Lefebvre en 1970, en oposición a las innovaciones del Concilio Vaticano II, realizadas por el Papa Juan XXIII en 1960. La fidelidad de este movimiento a la misa “Misa Tidentina” y las sanciones del Vaticano contra esta Fraternidad hicieron famoso a Lefebvre. Sólo existen en el mundo 300 párrocos que continúan el ideario religioso del cardenal francés y están decididos a expandir su mensaje en los cincuenta países donde tienen presencia. En Bogotá hay dos.
Alejandro Ordoñez conoció a los lefrevistas en Bucaramanga, donde nació hace 56 años. En esa ciudad el párroco chileno René Trincado hacía un ritual aún más rígido, en el que obligaba a hombres y mujeres a cubrirse la cabeza con mantillas negras y blancas antes de entrar a la iglesia.
El Procurador y los demás hombres que van a la iglesia sostienen una camándula en la mano derecha durante la ceremonia. La devoción de Ordóñez es tal, que cuando no alcanza a llegar a la iglesia, un sacerdote se desplaza hasta su casa para oficiarle la misa, que al terminar continúa en un almuerzo con su familia. Su hermana María Eugenia comparte su fe. Ella es una religiosa de las Hermanas de la Presentación que dirige el colegio de esta congregación en Bucaramanga, uno de los más tradicionales de la ciudad. En 2007 recibió de las propias manos de Don Sixto Enrique de Borbón la orden de caballero, la misma que le impusieron al dictador uruguayo Juan María Bordaberry.
Antes de ser elegido en el cargo ya se había opuesto en público y con fiereza contra la posibilidad de que las mujeres pudieran detener el embarazo en cualquier circunstancia y no dudó en demandar a la revista SoHo por la representación gráfica de La última cena, en la que figuras de la política, la cultura y el periodismo suplantaron a los apóstoles y Alejandra Azcárate a Jesús. De joven, como estudiante del Colegio San Pedro Claver de Bucaramanga, quemó libros de autores de la literatura universal, como Diego Hurtado de Mendoza, Gustave Flaubert, Víctor Hugo, Thomas Mann, Jean-Jacques Rousseau y Marcel Proust, que reposaban en la Biblioteca Pública Gabriel Turbay, el día de la celebración de la Virgen María.
Su talante, fortalecido con la devoción semanal, está presente en su trabajo de control disciplinario frente a los funcionarios públicos. El Procurador Ordóñez se siente en una cruzada evangelizadora cuando le trasmite sus convicciones al país, especialmente alrededor de temas que comprometen la conciencia individual como el de la lucha por la absolución del aborto. Un cruzada en la que se empleó a fondo buscando que un reforma constitucional asegurara la prohibición definitiva del aborto sin excepciones. En el primer paso fue derrotado en la Comisión Primera del Senado.
Muy seguramente seguirá insistiendo en sus pequeñas batallas diarias, que librará junto a Ilva Myriam Hoyos Castañeda, la procuradora delegada para la Defensa de los Derechos de la Infancia, la Mujer, la Adolescencia y la Familia, con quien comparte ideología, valores y creencias. Con ella también ha luchado contra los derechos de las parejas del mismo sexo. Hoyos lo acompaña en las misas que celebran cada tanto en las instalaciones de la Procuraduría.
Trabaja también a su lado María Eugenia Carrera, la procuradora delegada para la función pública, quien ha proyectado los fallos que han llevado a la destitución al gobernador del Valle Juan Carlos Abadía y el alcalde de Bucaramanga Fernando Vargas, entre otros. Asiste esporádicamente a la iglesia de La Soledad, porque su verdadero compañero de oraciones es su coterráneo santandereano Carlos Augusto Mesa, quien fue alcalde de Onzaga (Santander) y se desempeña como procurador delegado para la descentralización y entidades territoriales.
El Procurador es un hombre de fe que integra la Asociación Colombiana de Abogados Católicos. Antes de cualquier entrevista, se retira diez o quince minutos para rezar y buscar claridad en un oratorio que denomina “la ermita”. Allí se encomienda a San Benito y San Juan de la Cruz en una especie de oráculo divino que acondicionó en uno de los rincones de su oficina. Así lo hizo antes de decidir la muerte política de la senadora Piedad Córdoba, a quien inhabilitó por 18 años.
Ordóñez pertenece la Orden de la Legitimidad Proscrita, una especie de comunidad secreta dentro del ala extrema y más radical de la iglesia católica. Ese grupo hace de la política una herramienta para expandir el ideario católico radical, asociado al respeto a la vida sin consideración alguna y el rechazo irrestricto a la homosexualidad. Esas posiciones las dejó consignadas en su libro ‘El Desarrollo de nuestra animalidad’. Por este sendero, Alejandro Ordóñez se convirtió hace años en presidente de las juventudes departamentales del Partido Conservador en Santander, llegó al concejo de la ciudad y proyectó su carrera política y judicial hasta llegar a la Procuraduría, un cargo que ejerce de la mano de un Dios que invoca las 24 horas del día.
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