Abrí un tema nuevo para continuar con el relato del general romano, ya ni siquiera recuerdo por donde iba, creo que el general Fulvio Livio se encontraba en el mercado romano. Bueno ahí voy:
... De los potrillos de caballos marinos Livio pasó a contemplar las piedras dragonianas que estaban en una cesta, una pequeña como el puño de un hombre y otra más grande como la cabeza de un niño. Fulvio tomó la más grande en sus manos y se puso a observarla con mucho detenimiento, llegó hasta levantarla a la altura de sus ojos para mirarla a tras luz, acarició su pulida superficie y miró extasiado las vetas púrpuras y amarillentas que refulgían en su interior y tuvo que reconocer, que presentaban todas las caracteristicas propias de las dragonianas verdaderas , nunca conseguidas por las numerosas imitaciones que se hacen. Esta tenía la forma geoide perfecta, aplastada por las puntas y abultada por el centro y quedó muy complacido, sin dudas que eran legitimas como ese sol que brilla en el cielo.
En ese preciso momento, el dueño de la carpa reparó en su persona y se acercó frotándose las manos y realizando exageradas reverencias. Era un hombre que llevaba la cabeza cubierta con un turbante negro, de rostro afilado y nariz ganchuda, con unos ojos negros brillantes y hundidos en sus cuencas, vestía un albornoz del mismo color del turbante y sus manos ennegrecidas mostraban en sus dedos largas y curvas uñas. Con su voz melosa lo atendió:
--- Ilustre guerrero y poderoso jeque, usted mismo, si es un conocedor del género, puede comprobar y testimoniar, que esas dos piedras dragonianas son realmente el producto derivado de una peligrosa cacería de dragones negros y no las burdas falsificaciones que acostumbran a vender ciertos timadores disfrazados de comerciantes, personas sin escrúpulos y amantes de estafar a sus semejantes.
Afirmó y mientras sus labios se distendían en una sonrisa, continuó hablando con voz aguda y pronunciando las palabras con mucha rapidez:
--- Mi hermano de sangre fue uno de los pocos sobrevivientes de tan peligrosas aventuras. Él y cincuenta de nuestros mejores guerreros, partieron hacia las regiones del Bururú Bururá, las inclementes y salvajes tierras del dale al que no te dio, donde moran los dragones negros, mil veces más peligrosos que los amarillos, los rojos y verdes que habitan en el país de los hombres de ojos oblicuos y pieles amarillas.
El comerciante hizo una pausa y al comprobar que el militar y algunos curiosos, que se habían acercado a los mostradores atraídos por lo interesante del tema, como se dice, atrapados por el realato, continuó:
--- Después de sortear incontables peligros, que no valen la pena desgranarlos ante los ojos de ustedes, descubrieron en un elevado peñasco, gracias a la guía protectora de Alá, un nido de dragones negros y en él se hallaba una dragona negra dándole de mamar a su dragoncillo, se ocultaron tras unas rocas y esperaron pacientemente, a que la dragona terminara de amamantar a la cría y remontara vuelo en busca de comida y su espera fue recompensada, pasadas unas tres horas, el animal dejó el nido y se perdió de vista con su rápido vuelo. Ahí mismo los guerreros empuñaron sus sables y guíados por mi hermano, les fueron arriba a la cría y luego de una corta batalla lograron decapitarlo, aunque hubo sus quemados y algunos heridos, porque el pichón ya casi volaba y hasta echaba sus chorritos de candela por la boca y pudo quemarle las nalgas a Amir Fael-Asim y a su primo Yamir Fael-Mosir, dos de los guerreros más experimentados en esos lances, unas quemaduras muy dolorosas y hasta se les infestaron y aun son los santos días que no pueden sentarse, ni agacharse para cagar. Después de joder al pichón pasaron con rapidez a abrirle el cráneo, antes que toda la sangre se le subiera para la cabeza, porque esta actúa como un potente ácido que disuelve la piedra dentro de la cavidad craneana.
Ahora mismo sigo....


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