Durante siglos, el nombre cosaco infundió terror en el corazón de la gente de Asia central, y la familia Varinski era la encarnación de los despiadados conquistadores que asesinaron, mutilaron y violaron.
Aún hoy, los Varinski residen en las estepas de Rusia. Son conocidos por sus habilidades de búsqueda, demostrándose a sí mismos una y otra vez capaces de descubrir las debilidades de sus enemigos. Ellos dejan un rastro de sangre, fuego y muerte adonde quieran que vayan. Terribles rumores giran en torno a ellos, rumores que dicen que Konstantine Varinski, fundador de la tribu de los Varinski, hizo un pacto con el diablo y, por supuesto, eso es totalmente cierto.
Hace cientos de años, Konstantine Varinski, un magnífico guerrero de gran crueldad, un hombre conducido por sus ansias de poder, vagó por las estepas. A cambio de su habilidad para darles caza a sus enemigos y matarlos, él prometió su alma al diablo. Para sellar el pacto, le prometió el icono de su familia, una sola pintura dividida en cuatro imágenes de la Madonna. Para obtener la pieza sagrada, el corazón de su hogar, él mató a su propia madre…y condenó su alma.
Antes de morir, ella lo atrajo hacia sí y habló en su oído. Konstantine no prestó atención a su profecía. Ella era, después de todo, una simple mujer. Él no creyó que sus agonizantes palabras tuvieran el poder de cambiar el futuro y aun más importante, Konstantine no haría nada para poner en peligro su pacto con el diablo.
Pero aunque él no confesó la profecía que su madre hizo, el diablo supo que Konstantine era un mentiroso y un embaucador. Él sospechaba del engaño de Konstantine, y comprendió el poder de la sangre y la familia, y las palabras moribundas de una madre. Así que para asegurarse de retener a los Varinski y sus servicios, secretamente cortó una pequeña parte del centro del icono, y la dio a una pobre tribu de trotamundos, prometiéndoles que les daría suerte.
Entonces, mientras Konstantine bebía para celebrar el trato, en un fogonazo de fuego el diablo dividió las Madonas y las arrojó hacia los cuatro confines de la Tierra. Para Konstantine Varinski y cada uno de los siguientes Varinski, el diablo legó la habilidad de cambiar por voluntad en un animal de caza. No podían ser asesinados en batalla excepto por otro demonio, y cada hombre era inusualmente longevo, manteniéndose fuerte como un roble en la vejez. A causa de su batalla; destreza, entereza y de su habilidad para tomar decisiones, se volvieron ricos, respetados y temidos en Rusia.
A través de zares, Bolcheviques, e incluso presidentes, mantuvieron su complejo de guerreros, fueron a donde se les pagara por ir, y, con su intachable ferocidad, aplastaron revueltas y exigieron obediencia.
Se llamaban a sí mismos La Oscuridad.
Sólo podían engendrar varones, un problema de mucha exultación para ellos. Tomaban a sus mujeres con crueldad, y en sus impecables casas tenían un torniquete equipado con un cascabel. Allí las mujeres que habían sido impregnadas por el negligente apareamiento de los Varinski depositaban a sus recién nacidos hijos. Cada mujer hacía sonar el cascabel y huía, dejando al niño para que fuera acogido por los hombres Varinski en su hogar. Ellos aclamaban el nacimiento de un nuevo demonio, y lo criaban para ser un despiadado guerrero digno del nombre Varinski.
Ningún Varinski se enamoraría…
Hasta que uno muriera.
Ninguno se casaría…
Hasta que uno muriera.
Ningún Varinski huiría del complejo y su forma de vida…
Hasta que uno muriera.
Por primera vez, aparecieron grietas en el sólido fundamento del pacto con el diablo.
El cielo tomó nota......
Y el infierno también.


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