Complejo de princesa Disney
Las pelis de Disney son recuerdos que forman parte de nuestra infancia y que nos arrancan una sonrisa de la boca. Pues nos engañan como a chinos. Sí señora, media vida sufriendo mal de amores, y gran parte se lo debemos a Mickey Mouse y compañía.
Cuando una niña crece, pasa de querer ser princesa a querer conocer ese “príncipe azul” de todos los cuentos que se ha tragado. Eso es más difícil que buscar a Wally, y de hecho ya existen grupos de Facebook (Biblia sobre las grandes verdades de la vida) que lo corroboran: “culpo a Disney de mis altas expectativas con los hombres”. Con la Bella y la Bestia, te demuestran eso de que “la belleza está en el interior” (¡já!, dile tú a un chico en una discoteca que vaya a ligar con alguna “de belleza muy interiorizada”). Mucho que Bella se enamora de la personalidad de Bestia, pero éste luego se transforma en un pivonazo de pelo largo y ojos azules. Ni con los programas de cambio radical consigues algo así (y ojo, abogo por el atractivo, no por los kenes de plástico que salen de esas operaciones de cirugía estética).
Y si no, tranquila, que con tu belleza vas a llegar muy lejos: da igual que seas muda, que con tu melenaza roja al viento rollo la sirenita y esos ojos verdes te llevarás al hombre de tus sueños (otra que se las trae, Ariel por favor, soy tú y a la otra la dejo calva, por muy bruja de los mares que sea). O como un 38 de número pie es muy raro, tu príncipe va a encontrarte gracias al zapato que perdiste y te va a convertir en princesa del reino. Eso le ha pasado a Letizia y poco más.
Las princesas Disney son mejores que las modelos de Victoria´s secret, ¡ellas pillan hasta muertas! Que se lo digan a la Bella Durmiente o Blancanieves. No sé vosotros, pero besos de esos que devuelven a la vida nunca he probado.
Entonces, vamos a ver, si las chicas monas son las que triunfan con los príncipes azules ¿dónde está la belleza interiorizada? Según Disney, es como el 2x1 de Carrefour, físico bello y personalidad bella van en el mismo pack. Bien, pues varias decepciones masculinas más tarde, puedo corroborar que eso no existe, que si un amigo te pregunta la impresión sobre alguien que no te resulta atractivo, recurres a frases salvadoras como “es simpático”, “parece majo”; que en realidad, la balanza siempre se suele decantar hacia un lado u otro (me he encontrado con dioses griegos que mejor les ponías un esparadrapo en la boca).
Ojo, que mucho hablo de dónde se han metido los príncipes Disney, pero no todo el mundo sabe que Pocahontas en el fondo era una mala pécora, el pobre John Smith se juega el cuello (literalmente) por ella para que luego en la segunda peli le abandone por el primer tío que se le cruza. Tendría más belleza interior...
Con esto no busco cargarme de un plumazo los clásicos (ni vuestra infancia), sino defender que los príncipes/princesas azules no existen, que el romanticismo está bien pero en su justa medida, y que a la hora de buscar pareja, abramos más los ojos y seamos más realistas para dejar esas historias de amor en lo que son, cuentos para niños.
¿Creéis en los príncipes azules o pensáis que es tener a una persona idealizada? ¿Os ha desteñido alguno?


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